Crucemos los dedos.

(El brexit sí tiene vuelta atrás. La exigua mayoría que lo alumbró ya no existe: desde entonces ha fallecido un número de ancianos brexiters suficiente para que hoy no pudieran condicionar a la juventud de por vida —como con la sobrevaloración inmobiliaria—. Ello aparte de la estafa que supone decidir unilateralmente que el referendum separatista era vinculante. Además, los británicos desconocían lo caro que les sale y lo incierto de las supuestas ventajas que los voceros del popularcapitalismo resentidos decían había. Lo importante para nosotros es aprovechar la tesitura para fortalecer la eurozona y, en el caso de España, para precipitar el repinchazo.)

***LAS PALABRAS MIENTEN DE POR SÍ; EXCUSO DECIRTE, CON EL «BN2P».-

Como pasa entre el solfeo y la música —de ahí que llamemos intérpretes a los músicos—, las palabras son un traje demasiado pequeño para lo que tienen que expresar.

Alan Greenspan es famoso por su retórica plagada de metáforas divertidas:
– exuberancia irracional (bursátil ‘puntocom’);
– espuma (inmobiliaria); y
– conundrum (inercia bajista de los tipos de interés a largo plazo).

Pero las palabras de Greenspan rebosaban ‘realismo real’ e incitaban a la interpretación. Eran música. Greenspan era tan franco como Esopo, Samaniego y La Fontaine.

Hoy somos esclavos del retorcimiento del discurso «BN2P» (blanconegro/doblepensar, «1984», Orwell), que se ha adueñado de las políticas de comunicación económica, con su ‘realismo especulativo’, en el que el presente es sustituido por un futuro imaginado que ha sido descontado en el pasado.

Siempre ha habido manoseo del presente para condicionar el futuro. La diferencia hoy está en que nunca antes habíamos descontado tanto un futuro irrealizable.

A quienes nos dedicamos a intentar saber qué y cuándo va a pasar lo que tiene que pasar, los discursos económicos nos plantean hoy un gran desafío. Nuestra labor de interpretación de la palabrería, sigue. Pero se une ahora la alteración de la secuencia natural ‘pasado-presente-futuro’, que ahora tiene mucho de ‘futuro ilusorio-presente-pasado idiota’.

Pero la realidad es tozuda. Es la que es y no la que nos viene bien que sea para neutralizar nuestras malas decisiones.

Estamos aprendiendo a convivir con las peores consecuencias del modelo popularcapitalista. A pesar del triunfo del antiinflacionismo, a mediados de los 1980 las mayorías naturales trabajadoras y emprendedoras comenzaron a descontar un futuro irracional y anticapitalista hipotéticamente lleno de «pisitos, paguitas, cartillitas y sueldazos». Tarde o temprano, el conflicto entre la realidad real y la especulativa estaba servido porque ya no habría inflación con la que trasladarle la pérdida a los prestamistas. Para más inri, el estrés de los prestamistas —por la descolateralización de su inversión crediticia popularcapitalista— sería asumido, vía Estado, por los prestatarios al ser estos contribuyentes. En otoño de 2006 se desató la tormenta. Y los perdedores se echaron al monte resentidos, reescribiendo el pasado y haciendo creer al mundo que el presente sí cuadra con su delirio sobre el futuro, ante la mirada dura de el Capital, cada vez menos condescendiente. En 2016 han llegado a su máximo: por un lado, la estafa brexitrumpista, y por otro, el estrangulamiento financiero total final —evidente en el caso de España—.

Decir déficit público (variable flujo) es decir deuda pública (variable fondo). La deuda pública española es monstruosa, dado el tipo de economía que la soporta. Vean cómo se ha triplicado desde el Turning Point 2006 (deuda pública estricta, según el protocolo de déficit excesivo, en miles de millones de euros, y su traducción en términos per cápita, en miles de euros):
1980 16 0,4
1981 22 0,6
1982 32 0,8
1983 44 1,1
1984 60 1,6
1985 76 2,0
1986 89 2,3
1987 99 2,6
1988 101 2,6
1989 117 3,0
1990 137 3,5
1991 153 3,9
1992 174 4,4
1993 226 5,7
1994 250 6,3
1995 283 7,1
1996 320 8,0
1997 334 8,3
1998 346 8,6
1999 362 9,0
2000 375 9,2
2001 379 9,2
2002 384 9,2
2003 383 9,0
2004 390 9,0
2005 393 8,9
2006 392 8,8
2007 384 8,4
2008 440 10
2009 569 12
2010 649 14
2011 744 16
2012 891 19
2013 978 21
2014 1.041 22
2015 1.073 23
2016 1.106 24

En 2016, pues, una familia española con dos hijos, debe la friolera de 100 mil euros en deuda pública. ¿Qué futuro estamos dejando a nuestros poquísimos hijos?

En 2016, la deuda pública española total ha llegado al punto en que ya no puede honrarse con la recaudación tributaria ordinaria. Las administraciones públicas españolas están en el límite fiscal —’cumplimos con el objetivo de déficit público’ es una frase BN2P—. Esto no quiere decir que la situación sea inadministrable. Sencillamente, viene un triste escenario de recaudación tributaria extraordinaria, aparte de un control férreo del gasto público —’recortes’ y ‘austeridad’ son términos BN2P—.

Por otra parte, el sector privado español —familias y empresas— también está en su límite de endeudamiento.

España es la primera economía occidental que ha llegado al estrangulamiento financiero total final. El ortograma sí lo tenía previsto e incluyó en el guión, antes de proceder al abaratamiento radical de costes inmobiliarios —único factor que puede vivificar la economía ordinaria—, una subfase de reburbuja inmobiliaria para que poseedores de depósitos bancarios, que no saben qué hacer con su dinero, se animaran a desprenderse de él a cambio de los inmuebles que anegan los Balances de los bancos. Pero la operación no está saliendo bien porque está siendo aprovechada por quienes, en el sector privado, sí saben que la reburbuja es una patraña.

Sobre lo efímero de la reburbuja, piénsese que trata de un reinflado de expectativas con dos características excéntricas: alquiler y miedo. Por contra, en una burbuja canónica: compra y avaricia. Ahora se trata de ‘comprar para alquilar’ —la poca juventud que viene ni quiere ni puede ‘comprar para vivir’— y de no tener dinero por miedo —a la inflación y la estabilidad y solvencia de la entidad depositaria—. La reburbuja, además, no está siendo tal: ni en precios, ni en volumen. Para colmo, el sector privado, de nuevo, está endeudándose para jugar a la ruleta rusa inmobiliaria.

Hay un punto en el próximo futuro en el que el sistema financiero dice basta y retoma la Transición Estructural desactivando definitivamente los residuos del modelo popularcapitalista. Todos lo sabemos. Que empieza en 2018 está muy claro. Está puesto por escrito en la circular 4/2016 del Banco España, por presión ante la entrada en vigor de la norma contable IFRS 9, de la IASB.

Crucemos los dedos.

Además urge repinchar la reburbuja porque un nivel alto de precios de alquiler es mucho más nocivo para la actividad —y el empleo—, que un nivel alto de precios de compra. Y no digamos ya cara a la recaudación tributaria ordinaria. CON EL ALQUILER NO GANA NADIE: NI LA BANCA, NI EL ESTADO, NI EL PIB.

Gracias por leernos.

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